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Tu cuerpo te habla

¿Te has parado a escuchar lo que dice realmente cada parte de tu cuerpo? ¿O sólo escuchas al cerebro?

Nos han enseñado desde muy temprana edad a “pensar” inculcándonos (con las mejor de las intenciones, en la mayoría de casos) unas creencias que nos hacemos propias. Desde ellas nos creamos nuestros valores y a través de ellos vivimos nuestra vida. Pero en la mayoría de los casos no nos enseñan a pensar desde las emociones ni desde el cuerpo. Una de las razones es porque entonces ya no se trata de “pensar” sino de “sentir”, y eso ya nos resulta más complicado de saber “escuchar”.

Sin duda la información que nos aporta el cerebro es muy valiosa pero, ¿quién toma las decisiones en nuestro día a día? El pensamiento se basa sobre todo en unas creencias  que actúan automáticamente manteniéndonos en una zona de confort que conocemos y nos da “tranquilidad”. En general, hacemos lo “correcto” en nuestro ambiente cotidiano. Pero, ¿y si nos sacaran de nuestro entorno y de todo lo conocido y, de golpe, observáramos como todo lo que creíamos saber (estructuras sociales, protocolos, prototipos, etc.) resulta ser extremadamente diferente?

Quizás entonces ¿dejaríamos hablar a las emociones? No hace falta imaginarse un mundo paralelo para encontrarse que, en algunas ocasiones, emociones y pensamientos no van de la mano¿Pero entonces a quién hacemos caso? Fácil. Cuando dos están en discordia, hay que escuchar al tercero de la ecuación: Al cuerpo.

El cuerpo asume, desde que nacemos, toda la sabiduría de la mente y deja al descubierto a las emociones. A lo largo de la vida adquiere una forma, tonicidad y vitalidad que sólo con observarlo nos explica mucho sobre cada persona. No sólo eso, sino que además su lenguaje está fuertemente vinculado con la parte emocional, intuitiva e instintiva de nuestro cerebro (que se desarrolla principalmente en un plano más inconsciente) y es efectivo en un 55% en todo acto comunicativo, según los experimentos del psicólogo Albert Mehrabian.

Es muy fácil comprenderlo cuando lo comprobamos claramente en un ejemplo como este: Algún alimento nos sienta mal y nuestro cuerpo, lo expulsa. ¿Pero cómo se expulsan los pensamientos o las emociones tóxicas fuera de nuestro cuerpo? El cuerpo tiene varios mecanismos para hacerlo y es muy claro si le prestamos atención y le escuchamos con amor y atentamente.

¿Estás dispuestx a prestarle atención a tu cuerpo?