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¿Existen de verdad los afrodisíacos? ¿O es un mito más?

Desde las civilizaciones más antiguas y en las distintas épocas y sociedades, el afán por encontrar sustancias, ya sean alimentos, drogas, fármacos, bebidas o pociones mágicas, que provoquen una estimulación extra de los sentidos en el ámbito sexual ha sido constante. Pero ¿realmente existen estas sustancias o es lo que queremos creer?

Lo cierto es que la mayoría de los afrodisíacos que conocemos son ineficaces biológicamente hablando. Es decir, no sirven para incrementar un deseo o excitación sexual. Lo que ocurre en realidad es que psicológicamente nos sugestionamos y el juego que rodea al momento es lo que hace que se incremente el deseo de mantener una relación sexual.

Si bien, eso no quiere decir que sí que existan alimentos indicados para “resolver” problemas de erección, eyaculación o frigidez. Éstos generalmente producen un aumento de la tensión arterial estimulando la irrigación sanguínea de la pelvis y órganos genitales.  Y es la sensación que produce lo que se suele confundir con el deseo.

También influye, en referencia a los alimentos, el parecido o relación que tienen algunos con los órganos genitales. Este hecho es el que puede causar la excitación mientras se comparte una cena, o comida o desayuno con la persona deseada.

Por tanto, no existe mayor afrodisíaco que estar enamorado y predispuesto, y aunque sea cierto que existen algunas sustancias que pueden ayudar biológicamente a sentirse más animado o menos inhibido, la verdad es que todo está en la mente y el mayor afrodisíaco es, sin duda alguna, nuestro cerebro.